El coche ante la silla reía, lentamente, con la arcilla;
el teléfono encima de la silla hablaba con la pizza;
el perro, al lado de la ventana, pintaba en la pizarra.
En la casa del mundoalrevés, todos se divierten constantemente.
Marina Vega Pérez
Muy bien este disparatado experimento poético. Enhorabuena, Marina :)
ResponderEliminarBien, muy bien !!me encanta estos mundos me recuerdan a mi casa !! felicitaciones ;)
ResponderEliminarMuy original y surrealista. Una bonita locura la de ese poema. Mucho ánimo y no dejes de escribir, Marina.
ResponderEliminarjajaja muy bonito pero me suena muy rarO
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